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Watt de Samuel Beckett. Encontramos un ejemplar para un Cliente.

Watt de Samuel Beckett. Encontramos un ejemplar para un Cliente.

Watt
Samuel Beckett
Editorial Lumen
Colección Palabra en el tiempo Nro 60
Traducción de Andrés Bosch
Barcelona, 1994
228 páginas

 

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28 abril, 2014 · 17:44

¿Qué libros nos piden? … Un ejemplar inédito del poeta Miguel Ángel Gómez con anotaciones autógrafas que no llegó a imprenta. EL AIRE POR EL TRIGO, (Buenos Aires, 1935)

Amor por Miguel Angel GomezEjemplar del autor, mecanografiado y aparentemente inédito; contiene anotaciones autógrafas. Puede haber sido concebido como original de imprenta de una plaqueta que no llegó a editarse. Consta de cinco extensos poemas, con un epígrafe de Garcilaso.

En la página PalabraVirtual.com encontramos una carta abierta de Jorge Carrol referida a Miguel Ángel Gómez. En ella recuerda al poeta y transcribe una carta que le remite Miguel Hernández a Miguel Ángel Gómez,  en la cual hablan de sus trabajos y de sus vidas.

Va el recuerdo por parte de Jorge Carrol

Miguel Ángel Gómez

cartabierta

Por Jorge Carrol

          Quiero minar la tierra hasta encontrarte

          y besarte la noble calavera

          y desmordazarte y regresarte.

                         Miguel Hernández

Miguel Ángel Gómez es uno de los tantos poetas olvidados y éste es un intento de abrir su recuerdo de par en par, de traerlo desde su interminable pampa de ausencias.

Miguel Ángel nació a fines de diciembre de 1911 en la misma ciudad en la que murió asesinado, inexplicablemente en 1959: Buenos Aires. En vida publicó 4 libros de poemas – La rosa de los vientos, 1934; Aurora, 1941, Tierra melancólica, 1943, que recibiera el Premio Municipal, y “Cancionero”, 1953- pero fundamentalmente era un vital hacedor de actividades poéticas, por eso colaboró activamente en los principales periódicos de nuestro país, Uruguay, México y en Caballo Verde para la poesía, la revista española dirigida por Pablo Neruda.

Gracias a la generosidad de su hijo Sergio, la Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí, publicó en su Nº 4 – Año III, 1995 – algunos poemas suyos y una bella y conmovedora carta que le escribiera Miguel Hernández, el pastor-poeta de Orihuela, en Madrid en mayo de 1933 y que, como Homenaje-Antídoto Contra El Olvido, me permito reproducir cibernéticamente, en esta tierra tan proclive a las ausencias.

   

Querido Miguel Ángel: Anoche me ha dado Pablo tu carta y la alegría de ver que te acuerdas de mi en la Argentina. Yo te había echado desde que te fuiste al lado del corazón en que guardo a mis mejores amigos, y allí te olvidé para acordarme de ti cuando hablara de los poetas de América con los de aquí, y sobre todo con Pablo (¿Hace falta aclarar: Pablo Neruda?) Ya me dirás cuando sale tu libro, del que quiero ser lo que tú del mío. En el momento en que te escribo no tengo ningún poema, absolutamente ninguno para mandarte. Estoy de lo más dejado de la poesía que puedas imaginarte desde hace meses. He pasado cerca de un mes en mi pueblo – Orihuela – con mi novia y ahora me encuentro aquí un poco desesperanzado como tantas veces. Se me presentan los días que espero bastante oscuros y Madrid me tiene harto por ahora. Es posible que me veas aparecer de pronto por tu Buenos Aires y es posible que no vaya nunca. Me daría una alegría inmensa saber que las gestiones de los Tuñón, de los que espero noticias directas desde una vieja carta mía, acaben favorablemente para mí y entonces creo que se me despejarían algunos horizontes y pasaría a donde sé que me esperáis varios amigos de verdad. Voy a ver si de aquí a dos o tres días hago alguna cosa para mandarte y recojo alguna fotografía. Pablo me tiene pedido también desde hace mucho tiempo para el número próximo de Caballo Verde y no he podido darla nada hasta hoy. Me alegra mucho esperar una revista de tus manos. Di a los Tuñón que les mandé mi libro por Pablo y que supongo lo habrán recibido. He sabido de algún homenaje a Raúl, de lecturas suyas. Echo mucho de menos su compañía y la de Amparitos, que siempre me guardaba una sonrisa, la mejor, para mí. Quiero hacer muchas cosas y no hago ninguna. A Molinari también mandé el libro. Quisiera saber de él. Creo que Rafael no piensa ir por ahora. Dejaré la carta a medio escribir para preguntarle y saber lo que piensa. Pediré poemas a todos para tu revista. Haré cuando pueda por satisfacer tus preguntas y deseos. Espera a que termine la carta para ver lo que dejo por cumplir.

 

Reanudo la carta hoy, día del Corpus, 11 de junio. Esperaba poder tener una fotografía para mandarte y un poema: sólo te mando éste, el único que puedo mandarte, porque tengo otros, dos mayores y puramente lírico-personales, pero uno de ellos, una elegía a Garcilazo, saldrá en Cruz y Raya en el número-homenaje a vuestro siempre impresionante cisne. El otro es para la Revista de Occidente, porque necesito dinero, Miguel Ángel, que tú sabes que no ando muy sobrado. Quisiera mandarte otra cosa mejor, pero no tengo. Trabajo muy poco, y ahora he comenzado una cosa teatral, para presentarla al premio Lope de Vega. Tengo muchas esperanzas. Perdóname que haya tardado tanto tiempo en contestarte. Seguramente recibirás éste dentro de un mes y habrá salido tu revista.

 

Que tenga yo noticias tuyas en poco tiempo más. Que me mandes algún poema para conocer. He dicho a todos nuestros poetas y amigos que me pides poemas, y algunos me han prometido mandarte. No confíes mucho, porque si no se los arrebato yo del bolsillo no moverán la mano para enviártelos seguramente. No te digo más. Tengo muchas ganas de conocer tu tierra, que te tiene tan enamorado como a mí la mía.

 

Abrazos siempre. Miguel.

Miguel Hernández, el poeta-pastor, murió en las cárceles franquistas en 1942 sin conocer jamás Argentina y muy pocos conocen -ni aun en las más sesudas antologías- los bellos poemas de Miguel Ángel Gómez.

          Escucha sus aullidos entre la blanda niebla.

          Sufre. Somos nosotros.

          ¿Oyes tu corazón que la jauría acosa?

          Nosotros vamos solos, pronto a exterminarnos,

         envueltos por la niebla…

Muy pocos también recuerdan que Miguel Ángel Gómez fundó el grupo Canto, integrado entre otros por los poetas Enrique Molina, Olga Orozco, Daniel Devoto, Castiñeira de Dios, Fernández Unsaín, J. R. Wilcock, Carlos Alberto Álvarez, Eduardo Jorge Bosco, Basilio Uribe y Eduardo Jonquiéres.

Pero así es La Poesía: señora de olvidos y dadora de ausencias.

          ¡Adiós, pueblo! ¡Adiós, olvido!

          ¡Adiós, estrella! ¡Adiós, ángeles!

          ¡Adiós, que me voy conmigo!

          ¡Adiós, no me busque nadie!

Jorge Carro L. (es Jorge Carrol, también). Nació en Buenos Aires, Argentina  el 13 de febrero de 1933.

Doctor en Filosofía y Letras. Durante casi medio siglo fue publicista en Argentina, Colombia, Chile, Guatemala, Panamá, Puerto Rico y Venezuela.

Ejerció la cátedra universitaria en varios países iberoamericanos.

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Otro libro raro… “Cuba en Darío y Darío en Cuba”. Un ensayo sobre el gran Rubén Darío.

Cuba en Dario y Dario en Cuba tapaEste es un libro realizado sobre bases de investigación erudita y escrito con total amenidad.

¿Qué significaron los mutuos influjos entre numerosos cubanos y Rubén Darío? ¿Qué trascendencias tuvieron las visitas del genial nicaragüense a Cuba, para él mismo y para el medio intelectual cubano? ¿Qué representaron esos contactos para Cuba, para Nicaragua, para nuestra América?…

Este es un libro monográfico que se lee como si fuera una biografía.

 

Cuba en Darío y Darío en Cuba
Autor: Ángel Augier
Ensayo
Editorial Letras Cubanas
La Habana, Cuba, 1988
339 pp.
Anexo con documentos gráficos

Ángel Augier es Doctor en Ciencias Filológicas, actual vicepresidente de la UNEAC, edita la Revista de Literatura Cubana, y publicó en 1980 su Poesía (1928-1978) y su Prosa varia, que reúnen lo fundamental de su cincuentenaria labor como poeta, ensayista y crítico literario

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LA CASA DE LA TRIBU de Sergio Pitol. Letras mexicanas. Ensayos.

la-casa-de-la-tribu-de-sergio-pitol-letras-mexicanas_MLA-O-2869936478_072012Los doce ensayos que conforman La casa de la tribu, escritos entre 1977 y 1989, son otros tantos homenajes a autores que bien pueden considerarse las principales fuentes literarias y espirituales de la obra de Sergio Pitol: Gogol, Chejov, Henry James -entre los clásicos- y Boris Pilniak, Flann O´Brien, Antonio Tabucchi, Andrzej  Kusniewicz, Ronald Firbank, Ivy Compton-Burnett y Patricia Highsmith, entre los excéntricos y contemporáneos.

LA CASA DE LA TRIBU
Autor: Sergio Pitol
Letras mexicanas. Fondo de Cultura Económica. Reimpresión 1996.
21,5  x 14,5 cm. – 186 páginas – Tapa dura

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El escritor, su tiempo y su obra. Héctor Libertella

La Libreria Argentina de Libertella tapaLa librería argentina

I

LUNÁTICOS

La lectura solar se practica en la cubierta de este barco del lado de arriba, Superficie / sentina . Envejece al texto porque lo deja prisionero de una sola mirada; lo interpreta. Allá arriba, en efecto, los libros se amarillean como el papel y la tinta.
De tanta luz que despide, el lector omnímodo hace todo paradójicamente ilegible.
Acá abajo en cambio, en la sentina del barco, el agua se ha filtrado y deshizo en parte los volúmenes. Para recuperarlos serán necesarios distintos tratamientos de la sustancia. La bodega está oscura y el ojo lee un poco a ciegas, un poco a tientas. (Tendremos que adivinar las letras bajo la capa de agua.)
Aquí es donde la literatura argentina se somete a la correosa materia líquida. Algo habrá en los libros, algo de blando y difícil de atrapar, como si fueran peces, pequeños: pequeños seres líquidos que se adueñaron de todos los rincones.

JOSÉ EDMUNDO CLEMENTE, bibliotecario: “La humedad de un texto, mal que mal, puede solucionarse. Pero si hay algo destructor es la luz del sol. Un texto quemado es un texto perdido”.

III

EL CORTE

ANTIGUA “Librería” de calle Reconquista n° 72, Buenos Aires. Regreso de alguna planta de este edificio. Vengo, tal vez sin haber salido del barco, para recordar que dos horas atrás compré en el salón de venta al público el conjunto de ficciones que dará origen a este volumen. De un anaquel a otro se desplazaban viejos, queridos relatos (ellos vuelven y vuelven en casi todas las páginas). Y así exactamente como dispuse ese material en mi portafolios, bajé entonces al azar de un Coloquio Internacional de Crítica programado en el entrepiso.
Encontré en ese Coloquio, cómo llamarla, una especie de unción hacia los antepasados, una suerte de siesta tendida a la sombra de ellos, la rutina casi antropofágica de querer “comerles” su estilo, su persona, su genio. De modo que, leyendo los libros de mi maletín, yo pensaba: ¡pero si Argentina es exactamente al revés; no las lecturas comunes de una tradición, sino una tradición de lectura! ¿No será ahí donde se genera lo distinto o diferencial de cada grupo? ¿Por qué no trabajar un poco esa loca noción de Nación? ¿Cuáles serán las bisagras, los roces de goznes de piezas de su maquinaria, cuál el anzuelo que cualquier lector ha lanzado al pique de la letra desde que empezó a leer, desde chico? ¿Será aquí de una manera, y en otros lugares de otra manera? Estar hurgando allá abajo, en el entrepiso, entre esos “efectos personales” de los libros de mi portafolios o neceser, me permitía pensar en escala ciertos problemas de distancia y diferencia aplicados a los hechos enigmáticos de la lectura. (1)

(1) En el barrio neoyorkino de Queens, como en otras ciudades del ancho mundo, ciertas carnicerías exhiben pizarrones con el dibujo de vacas cuidadosamente seccionadas por líneas de puntos. Un título grande, – ¿marca de fábrica? – debajo de la vaca dice: EL CORTE ARGENTINO

La librería argentina
Héctor Libertella.
Córdoba [Argentina]: Alción Editora, 2003.
112 págs. ; 21 cm.

Dice Gonzalo León para Revista Ñ sobre Héctor Libertilla, su escritura y el libro La librería argentina:
“La Librería Argentina (Alción, 2003). La estructura que se repite –capítulos breves, no necesariamente conectados, que recurre a distintos géneros (algunos más ensayísticos, incluso presentaciones de libros, y otros derechamente poemas)–, podríamos llamarla, en lenguaje libertelliano, la arquitectura.

La Librería…, pese a ser un libro más ensayístico, tiene esta arquitectura. Aunque comienza con un texto que podría estar en un libro de narrativa: “La lectura solar se practica en la cubierta de este barco, del lado de arriba, superficie/sentina”. En La arquitectura…, en cambio, las primeras páginas bien podrían ser el inicio de un libro de ensayos […]

[…] otra de sus preocupaciones: la vanguardia. Ser o descubrir qué es vanguardia. En Librería… dedica un capítulo entero a analizar la obra de Daniel Guebel (Arnulfo, La perla del emperador, entre otros) y lo que vendría siendo “vanguardia en los años noventa”.

Nos podemos detener en otro cóctel que ofrece en La Librería…, al asociar a Kafka y a Borges con un ministro de estado francés: “Lo kafkiano y lo borgeano son adjetivos o atributos atribuibles a Kafka o a Borges. Pero qué decir cuando es un sustantivo el que emerge de un apellido. Desde la misma tapa, el título de este libro (se refiere a Siluetas de Luis Chitarroni) remite a Etienne de Silhouette, aquel severo ministro de Finanzas que dibujaba a los contribuyentes del estado como contornos en un pizarrón. Su nombre propio creó una Francia hecha de millones de ‘siluetas’”. No es casual la presencia fantasmagórica de Borges en los libros de Libertella, hay algo ahí que nos da una pista de lo que desarrollará como “concepto literario”. Sin ir más lejos, A la santidad… podría interpretarse como la versión libertelliana de Historia universal de la infamia.”
Héctor Libertella nació en Bahía Blanca en el año 1945 y falleció en el 2006.
Enseñó literatura en las universidades de New York, México y Buenos Aires. Fue editor en distintas casas de América Latina y también investigador de carrera en el Conicet.
Sus obras merecieron distinciones tales como el 1° lugar en el Premio Primera Plana, el Paidós de Novela, el Internacional Monte Ávila en Caracas y el Juan Rulfo 1986 concedido en París.

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¿Qué libros nos piden? La forja de un túnica negra de Margaret Weis y Don Perrin. Ciencia ficción.

La Forja de un Tunica Negra tapa

    “El alma de un mago se forja en el crisol de la magia.”

“Las aleaciones producidas por los primitivos fundidores… se hacían mediante el calentamiento de mineral de hierro y carbón vegetal en una forja u horno en el que se impelía aire con gran fuerza. Sometido a este tratamiento, el mineral quedaba reducido a un caldo de metal de hierro lleno de una escoria compuesta por impurezas metálicas y ceniza de carbón. Esta masa de hierro se sacaba del horno aún incandescente y se la golpeaba con pesados machos a fin de extraer la escoria y soldar y consolidar el hierro… De vez en cuando esta técnica de fabricación de hierro producía, por casualidad, un acero puro…”

Por primera vez, en un único volumen, la tretralogía La forja de la túnica negra, de Margaret Weis y Don Perrin , que en su día se publicó en cuatro libros: Raistlin, el aprendiz de mago; Raistlin, crisol de magia; Raistlin, mago guerrero y Raistlin, el túnica roja. Esta es la historia de cómo Raistlin Majere llegó a ser el poderoso mago llamado a tener un papel decisivo en la Guerra de la Lanza. Seguiremos sus pasos por el mundo de Krynn, desde su ingreso en una escuela de hechicería a los seis años, hasta las aventuras junto a sus hermanos Caramon y Kitiara. Raistlin es elegido por la Torre de la Hechicería para hacer frente a las fuerzas del Mal en el futuro sombrío que amenaza Krynn. Y aunque él puede ser la salvación de un mundo, está por ver si su alma no se perderá irremediablemente en la tremenda lucha que se avecina. 

LA FORJA DE UN TÚNICA NEGRA

 EDITORIAL TIMUN MAS – 2007

Encuadernación de tapa dura

CIENCIA FICCIÓN. 970 páginas

LA TETRALOGIA, EN SU DIA PUBLICADA EN CUATRO LIBROS, EN UN SOLO VOLUMEN

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Otra carta. Esta vez de Roberto Arlt a Leopoldo Marechal

Marechal por SabatBuenos Aires, octubre 30 de 1939
Querido Leopoldo:

Te escribe Roberto Arlt.
He leído en “La Nación” tu poema “El Centauro”. Me produjo una impresión extraordinaria. La misma que recibí en Europa al entrar por primera vez a una catedral de piedra. Poéticamente son lo más grande que tenemos en habla castellana. Desde los tiempos de Rubén Darío no se escribe nada semejante en dolida severidad. He recortado tu poema y lo he guardado en un cajón de mi mesa de noche. Lo leeré cada vez que mi deseo de producir en prosa algo tan bello como lo tuyo se me debilite. Te envidio tu alegría y tu emoción. Que te vaya bien.

R. Arlt

Fuente: Capítulo 93
La historia de la literatura argentina
Centro Editor de América Latina
Buenos Aires, 1981

EL CENTAURO

En una tarde antigua
cuyo paso de loba
fue liviano a la tierra
pero no a la memoria,
extraviado el sendero
que ilumina la Rosa,
vi al Centauro dormido
junto al agua sonora.

Esto pasó en otoño,
cuando la selva entorna
sus parpados y olvida
la muerte de sus hojas,
cuando el sol pinta en Aries
el clavel de la aurora,
cuando los vientos gritan
y calla la paloma.

Perdido yo entre zarzas,
desnudo entre las rocas
hollaba la temida
floresta (¡en mala hora
mis pies abandonaron
el norte de la Rosa
por el zarzal doliente,
por las oscuras frondas!)

¿Fue acaso la impaciencia
del alma que a deshoras
ha encendido el aceite
de las vírgenes locas,
y buscando en la noche
mediodías y bodas
halla sólo el semblante
que le muestra la sombra?

Si arte fue de la noche,
si navío en zozobra,
¡que lo diga el Centauro!
Yo diré mi congoja;
porque duro es el viaje
y escondida la gloria
de hablar con un centauro
junto al agua sonora.

El centauro,
Buenos Aires, Sol y Luna, 1940

 

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