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El itinerario de un poema de Borges.

20130923_085529Un día compramos un ejemplar de El Aleph de Editorial Alianza.

Dentro venía un recorte con el poema El Espejo, también de Borges, publicado por el año 1976 en el diario La Razón.

Un día mi esposa y mi hija me sorprendieron con el regalo de encuadrarlo y colocarlo en un estante de la librería.

Para Borges los espejos eran un tema muy fuerte, aparecen por muchos de sus cuentos y poemas. Dijo alguna vez: “No me gustan nada o me gustan demasiado. Ahora claro, que me he librado de ellos. Porque la ceguera es un modo drástico de borrar los espejos” (Fernández Ferrer; 1988,94)

Les dejo para que disfruten el poema que apareció en aquel recorte y que hoy está en un cuadrito en la librería.

Saludos,

El espejo

Por Jorge Luis Borges

La Nación – Buenos Aires, 1976

Yo, de niño, temía que el espejo

Me mostrara otra cara o una ciega

Máscara impersonal que ocultaría

Algo sin duda atroz. Temí asimismo

Que el silencioso tiempo del espejo

Se desviara del curso cotidiano

De las horas del hombre y guareciera

En su vago confín imaginario

Seres o plantas o colores nuevos.

(A nadie se lo dije; el niño es tímido.)

Yo temo ahora que el espejo encierre

El verdadero rostro de mi alma

Soberbia, defensiva y aterrada.

El que Dios ve y acaso ven los hombres.

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¿Qué libros nos piden? … Un ejemplar inédito del poeta Miguel Ángel Gómez con anotaciones autógrafas que no llegó a imprenta. EL AIRE POR EL TRIGO, (Buenos Aires, 1935)

Amor por Miguel Angel GomezEjemplar del autor, mecanografiado y aparentemente inédito; contiene anotaciones autógrafas. Puede haber sido concebido como original de imprenta de una plaqueta que no llegó a editarse. Consta de cinco extensos poemas, con un epígrafe de Garcilaso.

En la página PalabraVirtual.com encontramos una carta abierta de Jorge Carrol referida a Miguel Ángel Gómez. En ella recuerda al poeta y transcribe una carta que le remite Miguel Hernández a Miguel Ángel Gómez,  en la cual hablan de sus trabajos y de sus vidas.

Va el recuerdo por parte de Jorge Carrol

Miguel Ángel Gómez

cartabierta

Por Jorge Carrol

          Quiero minar la tierra hasta encontrarte

          y besarte la noble calavera

          y desmordazarte y regresarte.

                         Miguel Hernández

Miguel Ángel Gómez es uno de los tantos poetas olvidados y éste es un intento de abrir su recuerdo de par en par, de traerlo desde su interminable pampa de ausencias.

Miguel Ángel nació a fines de diciembre de 1911 en la misma ciudad en la que murió asesinado, inexplicablemente en 1959: Buenos Aires. En vida publicó 4 libros de poemas – La rosa de los vientos, 1934; Aurora, 1941, Tierra melancólica, 1943, que recibiera el Premio Municipal, y “Cancionero”, 1953- pero fundamentalmente era un vital hacedor de actividades poéticas, por eso colaboró activamente en los principales periódicos de nuestro país, Uruguay, México y en Caballo Verde para la poesía, la revista española dirigida por Pablo Neruda.

Gracias a la generosidad de su hijo Sergio, la Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí, publicó en su Nº 4 – Año III, 1995 – algunos poemas suyos y una bella y conmovedora carta que le escribiera Miguel Hernández, el pastor-poeta de Orihuela, en Madrid en mayo de 1933 y que, como Homenaje-Antídoto Contra El Olvido, me permito reproducir cibernéticamente, en esta tierra tan proclive a las ausencias.

   

Querido Miguel Ángel: Anoche me ha dado Pablo tu carta y la alegría de ver que te acuerdas de mi en la Argentina. Yo te había echado desde que te fuiste al lado del corazón en que guardo a mis mejores amigos, y allí te olvidé para acordarme de ti cuando hablara de los poetas de América con los de aquí, y sobre todo con Pablo (¿Hace falta aclarar: Pablo Neruda?) Ya me dirás cuando sale tu libro, del que quiero ser lo que tú del mío. En el momento en que te escribo no tengo ningún poema, absolutamente ninguno para mandarte. Estoy de lo más dejado de la poesía que puedas imaginarte desde hace meses. He pasado cerca de un mes en mi pueblo – Orihuela – con mi novia y ahora me encuentro aquí un poco desesperanzado como tantas veces. Se me presentan los días que espero bastante oscuros y Madrid me tiene harto por ahora. Es posible que me veas aparecer de pronto por tu Buenos Aires y es posible que no vaya nunca. Me daría una alegría inmensa saber que las gestiones de los Tuñón, de los que espero noticias directas desde una vieja carta mía, acaben favorablemente para mí y entonces creo que se me despejarían algunos horizontes y pasaría a donde sé que me esperáis varios amigos de verdad. Voy a ver si de aquí a dos o tres días hago alguna cosa para mandarte y recojo alguna fotografía. Pablo me tiene pedido también desde hace mucho tiempo para el número próximo de Caballo Verde y no he podido darla nada hasta hoy. Me alegra mucho esperar una revista de tus manos. Di a los Tuñón que les mandé mi libro por Pablo y que supongo lo habrán recibido. He sabido de algún homenaje a Raúl, de lecturas suyas. Echo mucho de menos su compañía y la de Amparitos, que siempre me guardaba una sonrisa, la mejor, para mí. Quiero hacer muchas cosas y no hago ninguna. A Molinari también mandé el libro. Quisiera saber de él. Creo que Rafael no piensa ir por ahora. Dejaré la carta a medio escribir para preguntarle y saber lo que piensa. Pediré poemas a todos para tu revista. Haré cuando pueda por satisfacer tus preguntas y deseos. Espera a que termine la carta para ver lo que dejo por cumplir.

 

Reanudo la carta hoy, día del Corpus, 11 de junio. Esperaba poder tener una fotografía para mandarte y un poema: sólo te mando éste, el único que puedo mandarte, porque tengo otros, dos mayores y puramente lírico-personales, pero uno de ellos, una elegía a Garcilazo, saldrá en Cruz y Raya en el número-homenaje a vuestro siempre impresionante cisne. El otro es para la Revista de Occidente, porque necesito dinero, Miguel Ángel, que tú sabes que no ando muy sobrado. Quisiera mandarte otra cosa mejor, pero no tengo. Trabajo muy poco, y ahora he comenzado una cosa teatral, para presentarla al premio Lope de Vega. Tengo muchas esperanzas. Perdóname que haya tardado tanto tiempo en contestarte. Seguramente recibirás éste dentro de un mes y habrá salido tu revista.

 

Que tenga yo noticias tuyas en poco tiempo más. Que me mandes algún poema para conocer. He dicho a todos nuestros poetas y amigos que me pides poemas, y algunos me han prometido mandarte. No confíes mucho, porque si no se los arrebato yo del bolsillo no moverán la mano para enviártelos seguramente. No te digo más. Tengo muchas ganas de conocer tu tierra, que te tiene tan enamorado como a mí la mía.

 

Abrazos siempre. Miguel.

Miguel Hernández, el poeta-pastor, murió en las cárceles franquistas en 1942 sin conocer jamás Argentina y muy pocos conocen -ni aun en las más sesudas antologías- los bellos poemas de Miguel Ángel Gómez.

          Escucha sus aullidos entre la blanda niebla.

          Sufre. Somos nosotros.

          ¿Oyes tu corazón que la jauría acosa?

          Nosotros vamos solos, pronto a exterminarnos,

         envueltos por la niebla…

Muy pocos también recuerdan que Miguel Ángel Gómez fundó el grupo Canto, integrado entre otros por los poetas Enrique Molina, Olga Orozco, Daniel Devoto, Castiñeira de Dios, Fernández Unsaín, J. R. Wilcock, Carlos Alberto Álvarez, Eduardo Jorge Bosco, Basilio Uribe y Eduardo Jonquiéres.

Pero así es La Poesía: señora de olvidos y dadora de ausencias.

          ¡Adiós, pueblo! ¡Adiós, olvido!

          ¡Adiós, estrella! ¡Adiós, ángeles!

          ¡Adiós, que me voy conmigo!

          ¡Adiós, no me busque nadie!

Jorge Carro L. (es Jorge Carrol, también). Nació en Buenos Aires, Argentina  el 13 de febrero de 1933.

Doctor en Filosofía y Letras. Durante casi medio siglo fue publicista en Argentina, Colombia, Chile, Guatemala, Panamá, Puerto Rico y Venezuela.

Ejerció la cátedra universitaria en varios países iberoamericanos.

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Canción del esposo soldado de Miguel Hernández en su propia voz.

Audio de Miguel Hernández
 
Canción del esposo soldado
 

He poblado tu vientre de amor y sementera
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al mas leve tropiezo
y a reforzar tus penas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una loca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garra.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un dia iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y de brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

De: Viento del pueblo

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Varias búsquedas, con distintas historias.

Un libro vino desde París, otro desde Rosario y el tercero en Capital.

 
“La Mosquée Notre-Dame de Paris année 2048” de Elena Tchoudinova
Lo encontramos en París y desde allá lo trajimos.
 
Trata sobre la islamización de Francia, en especial de París. Tardó bastante en ser traducido al francés. Ninguna editorial se atrevía a publicarlo.
 
 
“Ícaro” de Sergio Pitol
Lo tenía uno de nuestros distribuidores.
 
Si la literatura invita al viaje, los libros de Sergio Pitol ofrecen una fuga a un continente firme, rico y vasto, de cuyo recorrido sus lectores siempre hemos vuelto con el espíritu renovado. Ícaro constituye una expedición osada y regocijante por el universo de Sergio Pitol. En esta antología personal, uno de los escritores indispensables de las letras hispánicas nos guía por las piezas clave de su obra: sueños, desapariciones, hallazgos, escenarios extraños y desconcertantes en cada uno e los cuales se dispuso con mano maestra un enigma acuciante.
 
“Cartoneros – recuperadores de desechos y causas perdidas” de Eduardo Anguita
El ejemplar llegó desde Rosario.
 
Es la vida de Francisco, Carlos, Daniel y Sara, protagonistas involuntarios de una nueva realidad social. Sus páginas transcurren en las calles que transitan, en sus casas o en los galpones donde recuperan plástico, cartón, papel, vidrio, trapos, causas, personas, sueños, propuestas, vínculos.

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