Archivo de la etiqueta: Borges

Varios libros encontrados para nuestros Clientes.

Decíamos ayer – La prensa argentina bajo el proceso 

Autores: Eduardo Blaustein y Martín Zubieta

Editorial Colihue

 

La industria del holocausto – Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío

Autor: Norman G. Finkelstein

Editorial Akal Cuestiones de Antagonismo

 

¿Cómo y para qué educan las familias hoy? Los nuevos procesos de socializacion familiar

Autor: Jordi Collet Sabé

Editorial Ikaria

 

Borges

Autor: Adolfo Bioy Casares

Editorial Destino

 

 

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Algunos títulos de nuestro catálogo.

DICCIONARIO DE LA LITERATURA MUNDIAL

LAS ACTAS SECRETAS INQUISICIONES Y EL IDIOMA DE LOS ARGENTINOS

LOS LIBROS, LOS NIÑOS Y LOS HOMBRES

MEMORIAS EN VOZ BAJA

MEMORIA PLURAL

LAS ALOMORFIAS LINGÜÍSTICAS

CIUDADANÍAS DEL MIEDO

ASÍ FUERON LAS COSAS

UN SACERDOTE EN LA REVOLUCIÓN

REVISTA CASA DE LAS AMÉRICAS

MASCARÓ : EL CAZADOR AMERICANO

CAUSAS ESTRUCTURALES DEL ESTANCAMIENTO EN AMÉRICA LATINA

ESCRITURAS Y EXILIOS EN AMERICA LATINA

 

 

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La muerte de Borges por Francisco Urondo

La muerte de Borges por Paco Urondo 1La muerte de Borges por Paco Urondo en la Revista Adan.

 

Borges y Ulyses Petit de Murat

 

 

 

Revista Adan

Año 1 – Junio de 1967 Nro 12 Argentina

 

 

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El itinerario de un poema de Borges.

20130923_085529Un día compramos un ejemplar de El Aleph de Editorial Alianza.

Dentro venía un recorte con el poema El Espejo, también de Borges, publicado por el año 1976 en el diario La Razón.

Un día mi esposa y mi hija me sorprendieron con el regalo de encuadrarlo y colocarlo en un estante de la librería.

Para Borges los espejos eran un tema muy fuerte, aparecen por muchos de sus cuentos y poemas. Dijo alguna vez: “No me gustan nada o me gustan demasiado. Ahora claro, que me he librado de ellos. Porque la ceguera es un modo drástico de borrar los espejos” (Fernández Ferrer; 1988,94)

Les dejo para que disfruten el poema que apareció en aquel recorte y que hoy está en un cuadrito en la librería.

Saludos,

El espejo

Por Jorge Luis Borges

La Nación – Buenos Aires, 1976

Yo, de niño, temía que el espejo

Me mostrara otra cara o una ciega

Máscara impersonal que ocultaría

Algo sin duda atroz. Temí asimismo

Que el silencioso tiempo del espejo

Se desviara del curso cotidiano

De las horas del hombre y guareciera

En su vago confín imaginario

Seres o plantas o colores nuevos.

(A nadie se lo dije; el niño es tímido.)

Yo temo ahora que el espejo encierre

El verdadero rostro de mi alma

Soberbia, defensiva y aterrada.

El que Dios ve y acaso ven los hombres.

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El escritor, su tiempo y su obra. Héctor Libertella

La Libreria Argentina de Libertella tapaLa librería argentina

I

LUNÁTICOS

La lectura solar se practica en la cubierta de este barco del lado de arriba, Superficie / sentina . Envejece al texto porque lo deja prisionero de una sola mirada; lo interpreta. Allá arriba, en efecto, los libros se amarillean como el papel y la tinta.
De tanta luz que despide, el lector omnímodo hace todo paradójicamente ilegible.
Acá abajo en cambio, en la sentina del barco, el agua se ha filtrado y deshizo en parte los volúmenes. Para recuperarlos serán necesarios distintos tratamientos de la sustancia. La bodega está oscura y el ojo lee un poco a ciegas, un poco a tientas. (Tendremos que adivinar las letras bajo la capa de agua.)
Aquí es donde la literatura argentina se somete a la correosa materia líquida. Algo habrá en los libros, algo de blando y difícil de atrapar, como si fueran peces, pequeños: pequeños seres líquidos que se adueñaron de todos los rincones.

JOSÉ EDMUNDO CLEMENTE, bibliotecario: “La humedad de un texto, mal que mal, puede solucionarse. Pero si hay algo destructor es la luz del sol. Un texto quemado es un texto perdido”.

III

EL CORTE

ANTIGUA “Librería” de calle Reconquista n° 72, Buenos Aires. Regreso de alguna planta de este edificio. Vengo, tal vez sin haber salido del barco, para recordar que dos horas atrás compré en el salón de venta al público el conjunto de ficciones que dará origen a este volumen. De un anaquel a otro se desplazaban viejos, queridos relatos (ellos vuelven y vuelven en casi todas las páginas). Y así exactamente como dispuse ese material en mi portafolios, bajé entonces al azar de un Coloquio Internacional de Crítica programado en el entrepiso.
Encontré en ese Coloquio, cómo llamarla, una especie de unción hacia los antepasados, una suerte de siesta tendida a la sombra de ellos, la rutina casi antropofágica de querer “comerles” su estilo, su persona, su genio. De modo que, leyendo los libros de mi maletín, yo pensaba: ¡pero si Argentina es exactamente al revés; no las lecturas comunes de una tradición, sino una tradición de lectura! ¿No será ahí donde se genera lo distinto o diferencial de cada grupo? ¿Por qué no trabajar un poco esa loca noción de Nación? ¿Cuáles serán las bisagras, los roces de goznes de piezas de su maquinaria, cuál el anzuelo que cualquier lector ha lanzado al pique de la letra desde que empezó a leer, desde chico? ¿Será aquí de una manera, y en otros lugares de otra manera? Estar hurgando allá abajo, en el entrepiso, entre esos “efectos personales” de los libros de mi portafolios o neceser, me permitía pensar en escala ciertos problemas de distancia y diferencia aplicados a los hechos enigmáticos de la lectura. (1)

(1) En el barrio neoyorkino de Queens, como en otras ciudades del ancho mundo, ciertas carnicerías exhiben pizarrones con el dibujo de vacas cuidadosamente seccionadas por líneas de puntos. Un título grande, – ¿marca de fábrica? – debajo de la vaca dice: EL CORTE ARGENTINO

La librería argentina
Héctor Libertella.
Córdoba [Argentina]: Alción Editora, 2003.
112 págs. ; 21 cm.

Dice Gonzalo León para Revista Ñ sobre Héctor Libertilla, su escritura y el libro La librería argentina:
“La Librería Argentina (Alción, 2003). La estructura que se repite –capítulos breves, no necesariamente conectados, que recurre a distintos géneros (algunos más ensayísticos, incluso presentaciones de libros, y otros derechamente poemas)–, podríamos llamarla, en lenguaje libertelliano, la arquitectura.

La Librería…, pese a ser un libro más ensayístico, tiene esta arquitectura. Aunque comienza con un texto que podría estar en un libro de narrativa: “La lectura solar se practica en la cubierta de este barco, del lado de arriba, superficie/sentina”. En La arquitectura…, en cambio, las primeras páginas bien podrían ser el inicio de un libro de ensayos […]

[…] otra de sus preocupaciones: la vanguardia. Ser o descubrir qué es vanguardia. En Librería… dedica un capítulo entero a analizar la obra de Daniel Guebel (Arnulfo, La perla del emperador, entre otros) y lo que vendría siendo “vanguardia en los años noventa”.

Nos podemos detener en otro cóctel que ofrece en La Librería…, al asociar a Kafka y a Borges con un ministro de estado francés: “Lo kafkiano y lo borgeano son adjetivos o atributos atribuibles a Kafka o a Borges. Pero qué decir cuando es un sustantivo el que emerge de un apellido. Desde la misma tapa, el título de este libro (se refiere a Siluetas de Luis Chitarroni) remite a Etienne de Silhouette, aquel severo ministro de Finanzas que dibujaba a los contribuyentes del estado como contornos en un pizarrón. Su nombre propio creó una Francia hecha de millones de ‘siluetas’”. No es casual la presencia fantasmagórica de Borges en los libros de Libertella, hay algo ahí que nos da una pista de lo que desarrollará como “concepto literario”. Sin ir más lejos, A la santidad… podría interpretarse como la versión libertelliana de Historia universal de la infamia.”
Héctor Libertella nació en Bahía Blanca en el año 1945 y falleció en el 2006.
Enseñó literatura en las universidades de New York, México y Buenos Aires. Fue editor en distintas casas de América Latina y también investigador de carrera en el Conicet.
Sus obras merecieron distinciones tales como el 1° lugar en el Premio Primera Plana, el Paidós de Novela, el Internacional Monte Ávila en Caracas y el Juan Rulfo 1986 concedido en París.

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Otra carta. Esta vez de Roberto Arlt a Leopoldo Marechal

Marechal por SabatBuenos Aires, octubre 30 de 1939
Querido Leopoldo:

Te escribe Roberto Arlt.
He leído en “La Nación” tu poema “El Centauro”. Me produjo una impresión extraordinaria. La misma que recibí en Europa al entrar por primera vez a una catedral de piedra. Poéticamente son lo más grande que tenemos en habla castellana. Desde los tiempos de Rubén Darío no se escribe nada semejante en dolida severidad. He recortado tu poema y lo he guardado en un cajón de mi mesa de noche. Lo leeré cada vez que mi deseo de producir en prosa algo tan bello como lo tuyo se me debilite. Te envidio tu alegría y tu emoción. Que te vaya bien.

R. Arlt

Fuente: Capítulo 93
La historia de la literatura argentina
Centro Editor de América Latina
Buenos Aires, 1981

EL CENTAURO

En una tarde antigua
cuyo paso de loba
fue liviano a la tierra
pero no a la memoria,
extraviado el sendero
que ilumina la Rosa,
vi al Centauro dormido
junto al agua sonora.

Esto pasó en otoño,
cuando la selva entorna
sus parpados y olvida
la muerte de sus hojas,
cuando el sol pinta en Aries
el clavel de la aurora,
cuando los vientos gritan
y calla la paloma.

Perdido yo entre zarzas,
desnudo entre las rocas
hollaba la temida
floresta (¡en mala hora
mis pies abandonaron
el norte de la Rosa
por el zarzal doliente,
por las oscuras frondas!)

¿Fue acaso la impaciencia
del alma que a deshoras
ha encendido el aceite
de las vírgenes locas,
y buscando en la noche
mediodías y bodas
halla sólo el semblante
que le muestra la sombra?

Si arte fue de la noche,
si navío en zozobra,
¡que lo diga el Centauro!
Yo diré mi congoja;
porque duro es el viaje
y escondida la gloria
de hablar con un centauro
junto al agua sonora.

El centauro,
Buenos Aires, Sol y Luna, 1940

 

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