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El concepto de Poíesis en la filosofía griega de Emilio Lledo Iñigo … otro libro que buscamos y encontramos.

El concepto de Poiesis en la filosofia griega de Emilio Lledo Iñigo tapa“El presente trabajo resume una parte de las investigaciones del autor en torno al vocabulario filosófico griego. En él se estudia especialmente el origen y evolución del concepto “poíesis” en el pensamiento griego hasta Platón. La palabra “poesía”, como tantas otras de nuestra tradición intelectual tiene su origen en Grecia, pero para los griegos significó, en muchos casos, algo fundamentalmente distinto de lo que ahora significa para nosotros. ¿Cómo ha sido entonces posible, que un concepto que significó el “hacer” en su sentido concreto y material, fuese descargándose poco a poco de esta significación, llegando a adquirir otra opuesta: la sublimación y negación de esa misma materia, en cuyo manejo real surgió el vocablo?

¿En qué momento podría precisarse tal giro?

¿Hasta qué punto se realizó ya este cambio en Grecia? y “poíesis” acabó por significar para los griegos algo semejante a lo que actualmente significa?

Estos otros problemas, entre ellos el de la expulsión de los poetas de la República, son abordados en este estudio, siguiendo la evolución del término en cuestión desde los primeros textos en que aparece.

Esta “reducción al origen” presenta en la filosofía griega una verdadera “situación de privilegio”, que no ha podido tener la filosofía posterior. Toda filosofía que surgió a partir de las especulaciones de los griegos, se ha movido ya en el mundo conceptual creado por ellos. Lo cual quiere decir que ha estado condicionada en mayor o en menor grado por el vocabulario filosófico griego. De ahí la necesidad cada día más urgente de una revisión de los conceptos más importantes heredados de  Grecia, que han perdido muchas veces su verdadero sentido, anquilosándose su significado y perdiéndose el objeto al que apuntaban”.

El concepto de Poíesis en la filosofía griega de Emilio Lledo Iñigo

Heráclito – Sofistas – Platón

Autor: Emilio Lledo Iñigo

Consejo Superior de Investigaciones Científicas

Instituto “Luis Vives” de Filosofía

Madrid, 1961

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¿Qué libros nos piden? … Un ejemplar inédito del poeta Miguel Ángel Gómez con anotaciones autógrafas que no llegó a imprenta. EL AIRE POR EL TRIGO, (Buenos Aires, 1935)

Amor por Miguel Angel GomezEjemplar del autor, mecanografiado y aparentemente inédito; contiene anotaciones autógrafas. Puede haber sido concebido como original de imprenta de una plaqueta que no llegó a editarse. Consta de cinco extensos poemas, con un epígrafe de Garcilaso.

En la página PalabraVirtual.com encontramos una carta abierta de Jorge Carrol referida a Miguel Ángel Gómez. En ella recuerda al poeta y transcribe una carta que le remite Miguel Hernández a Miguel Ángel Gómez,  en la cual hablan de sus trabajos y de sus vidas.

Va el recuerdo por parte de Jorge Carrol

Miguel Ángel Gómez

cartabierta

Por Jorge Carrol

          Quiero minar la tierra hasta encontrarte

          y besarte la noble calavera

          y desmordazarte y regresarte.

                         Miguel Hernández

Miguel Ángel Gómez es uno de los tantos poetas olvidados y éste es un intento de abrir su recuerdo de par en par, de traerlo desde su interminable pampa de ausencias.

Miguel Ángel nació a fines de diciembre de 1911 en la misma ciudad en la que murió asesinado, inexplicablemente en 1959: Buenos Aires. En vida publicó 4 libros de poemas – La rosa de los vientos, 1934; Aurora, 1941, Tierra melancólica, 1943, que recibiera el Premio Municipal, y “Cancionero”, 1953- pero fundamentalmente era un vital hacedor de actividades poéticas, por eso colaboró activamente en los principales periódicos de nuestro país, Uruguay, México y en Caballo Verde para la poesía, la revista española dirigida por Pablo Neruda.

Gracias a la generosidad de su hijo Sergio, la Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí, publicó en su Nº 4 – Año III, 1995 – algunos poemas suyos y una bella y conmovedora carta que le escribiera Miguel Hernández, el pastor-poeta de Orihuela, en Madrid en mayo de 1933 y que, como Homenaje-Antídoto Contra El Olvido, me permito reproducir cibernéticamente, en esta tierra tan proclive a las ausencias.

   

Querido Miguel Ángel: Anoche me ha dado Pablo tu carta y la alegría de ver que te acuerdas de mi en la Argentina. Yo te había echado desde que te fuiste al lado del corazón en que guardo a mis mejores amigos, y allí te olvidé para acordarme de ti cuando hablara de los poetas de América con los de aquí, y sobre todo con Pablo (¿Hace falta aclarar: Pablo Neruda?) Ya me dirás cuando sale tu libro, del que quiero ser lo que tú del mío. En el momento en que te escribo no tengo ningún poema, absolutamente ninguno para mandarte. Estoy de lo más dejado de la poesía que puedas imaginarte desde hace meses. He pasado cerca de un mes en mi pueblo – Orihuela – con mi novia y ahora me encuentro aquí un poco desesperanzado como tantas veces. Se me presentan los días que espero bastante oscuros y Madrid me tiene harto por ahora. Es posible que me veas aparecer de pronto por tu Buenos Aires y es posible que no vaya nunca. Me daría una alegría inmensa saber que las gestiones de los Tuñón, de los que espero noticias directas desde una vieja carta mía, acaben favorablemente para mí y entonces creo que se me despejarían algunos horizontes y pasaría a donde sé que me esperáis varios amigos de verdad. Voy a ver si de aquí a dos o tres días hago alguna cosa para mandarte y recojo alguna fotografía. Pablo me tiene pedido también desde hace mucho tiempo para el número próximo de Caballo Verde y no he podido darla nada hasta hoy. Me alegra mucho esperar una revista de tus manos. Di a los Tuñón que les mandé mi libro por Pablo y que supongo lo habrán recibido. He sabido de algún homenaje a Raúl, de lecturas suyas. Echo mucho de menos su compañía y la de Amparitos, que siempre me guardaba una sonrisa, la mejor, para mí. Quiero hacer muchas cosas y no hago ninguna. A Molinari también mandé el libro. Quisiera saber de él. Creo que Rafael no piensa ir por ahora. Dejaré la carta a medio escribir para preguntarle y saber lo que piensa. Pediré poemas a todos para tu revista. Haré cuando pueda por satisfacer tus preguntas y deseos. Espera a que termine la carta para ver lo que dejo por cumplir.

 

Reanudo la carta hoy, día del Corpus, 11 de junio. Esperaba poder tener una fotografía para mandarte y un poema: sólo te mando éste, el único que puedo mandarte, porque tengo otros, dos mayores y puramente lírico-personales, pero uno de ellos, una elegía a Garcilazo, saldrá en Cruz y Raya en el número-homenaje a vuestro siempre impresionante cisne. El otro es para la Revista de Occidente, porque necesito dinero, Miguel Ángel, que tú sabes que no ando muy sobrado. Quisiera mandarte otra cosa mejor, pero no tengo. Trabajo muy poco, y ahora he comenzado una cosa teatral, para presentarla al premio Lope de Vega. Tengo muchas esperanzas. Perdóname que haya tardado tanto tiempo en contestarte. Seguramente recibirás éste dentro de un mes y habrá salido tu revista.

 

Que tenga yo noticias tuyas en poco tiempo más. Que me mandes algún poema para conocer. He dicho a todos nuestros poetas y amigos que me pides poemas, y algunos me han prometido mandarte. No confíes mucho, porque si no se los arrebato yo del bolsillo no moverán la mano para enviártelos seguramente. No te digo más. Tengo muchas ganas de conocer tu tierra, que te tiene tan enamorado como a mí la mía.

 

Abrazos siempre. Miguel.

Miguel Hernández, el poeta-pastor, murió en las cárceles franquistas en 1942 sin conocer jamás Argentina y muy pocos conocen -ni aun en las más sesudas antologías- los bellos poemas de Miguel Ángel Gómez.

          Escucha sus aullidos entre la blanda niebla.

          Sufre. Somos nosotros.

          ¿Oyes tu corazón que la jauría acosa?

          Nosotros vamos solos, pronto a exterminarnos,

         envueltos por la niebla…

Muy pocos también recuerdan que Miguel Ángel Gómez fundó el grupo Canto, integrado entre otros por los poetas Enrique Molina, Olga Orozco, Daniel Devoto, Castiñeira de Dios, Fernández Unsaín, J. R. Wilcock, Carlos Alberto Álvarez, Eduardo Jorge Bosco, Basilio Uribe y Eduardo Jonquiéres.

Pero así es La Poesía: señora de olvidos y dadora de ausencias.

          ¡Adiós, pueblo! ¡Adiós, olvido!

          ¡Adiós, estrella! ¡Adiós, ángeles!

          ¡Adiós, que me voy conmigo!

          ¡Adiós, no me busque nadie!

Jorge Carro L. (es Jorge Carrol, también). Nació en Buenos Aires, Argentina  el 13 de febrero de 1933.

Doctor en Filosofía y Letras. Durante casi medio siglo fue publicista en Argentina, Colombia, Chile, Guatemala, Panamá, Puerto Rico y Venezuela.

Ejerció la cátedra universitaria en varios países iberoamericanos.

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