Memorias de Pedro de Angelis

Discurso preliminar a la fundación de Buenos Aires

“Los pueblos modernos no tienen que buscar su origen en los poetas y mitólogos; los historiadores son sus genealogistas, y del primer día de su existencia puede hablarse con tanto acierto como de un acontecimiento contemporáneo.

Ya pasaron los tiempos en que para edificar ciudades tenían que bajar los dioses del Olimpo. Estas fábulas, inventadas para lisonjear la vanidad de los pueblos, aumentan el caudal de mentiras que nos han transmitido los antiguo, por más que se empeñen en acreditarlas los eruditos […]

La fundación de Buenos Aires no ofrece tantas dificultades, a pesar de no estar bien determinada la fecha de la primera por el Adelantado D. Pedro de Mendoza.

El documento más antiguo que se registra en los libros del Cabildo, es del año de 1594, y corresponde al tiempo de la administración de Zárate, que mandó transcribir la acta de la segunda fundación, por estar tan deteriorado el original que ya no era posible descifrarlo.

A más de esta copia existe otro documento del tenor siguiente: “Yo, Mateo Sanchez, Escribano público y de Cabildo de esta ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Buenos Aires, doy fé, y verdadero testimonio a los que lo presente vieren, como por el libro y autos de la fundación de esta ciudad, que se pobló y fundó el año de 1580 años, y 11 días del mes de Junio de dicho año, se hizo la primera elección de Alcalde y Regidores por el General Juan de Garay. Todo lo cual consta por los dichos autos de la dicha fundación del dicho año á que me refiero; y á pedimento del tesorero Pedro Monsalvo, dí este, firmado de mi nombre, en esta ciudad de la Trinidad, á 11 de Agosto de 1594.”

La fecha del 11 de junio de 1580, y el primer nombramiento de Alcalde y Regidores, son circunstancias que no se mencionan en el otro documento, y que bastan a desmentir el título que se le da, de Acta de Fundación de Buenos Aires: siendo más bien la del repartimiento de solares y chacras a sus pobladores. De la una como de la otra no se hayan más que testimonios, refrendados por un escribano público.

Pero si no faltan datos para probar que Juan de Garay redificó Buenos Aires el día 11 de Junio de 1580, ninguno existe que señale la época de la primera fundación.

Otro documento, que pertenece a la historia de la fundación de Buenos Aires, es el repartimiento de los indios hecho por Garay, y que por primera vez publicamos íntegro, por estar truncas las pocas copias que corren, inclusa la que se registra en los libros capitulares. […] es probable que sea el más antiguo monumento histórico que se conozca en estas provincias […]

Estos son los únicos actos que quedan de la administración de Garay; y si el Arcidean Centenera no hubiese cedido a su numen, para cantar los episodios de la conquista del Río de la Plata, tal vez se hablaría del fundador de Buenos Aires, como Mondejar hizo del de Cadiz –escribiendo obras llenas de citas y conjeturas.”

Buenos Aires, Noviembre de 1836

PEDRO DE ANGELIS

COLECCIÓN de OBRAS Y DOCUMENTOS RELATIVOS A LA HISTORIA ANTIGUA Y MODERNA DE LAS PROVINCIAS DEL RÍO DE LA PLATA , 2a. ed., Buenos Aires, Librería Nacional de J. Lajouane & C.ia, Editores, 1910

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Proemio a la 2a. Edición

“Muchos son los años que han transcurrido desde la publicación de la gran obra llevada a cabo por D. Pedro de Angelis, titulada “Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata”, y desde entonces la ciencia ha experimentado tantos y tan variados cambios que deberíamos creer que la obra de De Angelis solo fuera digna de figurar en los estantes de un bibliógrafo.

Más no es así. La obra del distinguido hombre, del hombre de estudio que distrajo sus aficiones intelectuales, buscando en los archivos oficiales y particulares el alimento que reclamaba su inteligencia ávida de saber, se conserva siempre en pie, como un monumento histórico y geográfico.

Esta obra no es de aquellas de que pueda decirse que ya ha hecho su tiempo; por el contrario, aún tiene y tendrá por muchos años el derecho de figurar en los estantes de nuestra biblioteca, y muy a la mano, como libro de consulta. Y al tomarla hemos de sentir latir el corazón de esos pioneers de la civilización americana, que ya fuera por amo al saber o por su ingénita pasión por el conocimiento de lo innoto, desafiaban día a día y hora a hora el peligro de muerte que trae aparejado el hambre, la sed, el clima, las fieras y el salvaje.

Y al recorrer las páginas de este libro en que esa falanje de hombres han vertido el resultado de lo que vieron, nuestra imaginación hará desfilar imágenes en que tan pronto se verán las extensas pampas cubiertas de verde grama, o los áridos desiertos en que solo brota la idea de la desolación; los montes soberbios formados de preciadas especies arbóreas, cuyas copas remedan bóvedas de verdura hechas por el sublime artífice filigramando las esmeraldas, o las negras anfractuosidades de las rocas donde la obscura noche va a rendir culto al silencio; los arroyos de tranquilas aguas que todo lo fecundan con su frescura, o el impetuoso torrente que todo lo arrastra en su terrible carrera; las comarcas en que el sol calienta la tierra fecundando su ser con sus besos de fuego, o aquellas que se cubren con los blancos copos de nieve que en el ámbito inmenso desfloca con sus dedos de hielo el genio del invierno; el valle apacible en que todo es ameno y en que se oye el balbuceo de las aves que al cielo elevan sus cantares, o las altas montañas en que todo es fiereza y en que el huracán, con su voz de trueno, todo lo llena de espanto.

Al leer esta obra, de los labios del hombre de corazón brota un grito de gratitud a esos héroes que con su inteligencia, su saber y  su energía agrandaron los dominios del saber humano.

De Angelis no solo fue un compilador inteligente, sino que dotado de una actividad incansable y de una erudición nada común en aquel tiempo, pudo leer el valioso material que entre sus manos tenía, estudiarlo con conciencia y anotarlo y comentarlo como ningún otro hubiera sido capaz de hacerlo en la época. En consecuencia, lo obra de De Angelis fue y es una de las fuentes donde el historiador y el geógrafo van a buscar la cita, el dato ilustrativo o la descripción completa del punto que les interesa.

Como se ve, no debe considerarse a esta obra como digna de conservarse con el cariño del bibliógrafo hacia la empolvada y amarillenta edición en que el tiempo ha dejado sentir su influencia y en que la escasez de ejemplares le da derecho de figurar como una curiosidad ; no, no es así como debemos apreciar la colección de De Angelis, sino con el amor del que desea saber, del que en cada una de las partes que la componen, hala un rayo de luz que ilumina la obscuridad de su ignorancia. – Y al leerla, el que estudia debe ir anotándola, corrigiendo los errores, comentándola, agregando los conocimientos que con el tiempo se han ido adquiriendo, amontonando así los elementos necesarios para que mañana pueda redactarse el libro que sobre la República Argentina está aún por escribirse.

Buenos Aires, Setiembre de 1900.

Carlos R. Gallardo

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